Después de varias semanas explorando Filipinas, queríamos descubrir una última isla un tanto desconocida antes de abandonar el país. Mientras investigamos un poco, nos topamos con Camiguin, una pequeña isla volcánica a la que se puede acceder en avión desde Cebú. No muy turística, conocida por sus cascadas, su fondo marino y sus paisajes verdes, parecía muy diferente a las otras islas que habíamos visitado hasta ahora. Nos dijimos: ¿por qué no probar la aventura?
Y, en última instancia, eso es exactamente lo que necesitábamos.
Durante una semana adoptamos un ritmo mucho más tranquilo. Nuestros días a menudo consistían en hacer ejercicio en nuestro gimnasio local, unas horas en los cafés de la isla, paseos en scooter y descubrir nuevas cascadas. Camiguin es probablemente la isla donde experimentamos más cambios de elevación en Filipinas, con sus paisajes volcánicos y caminos que suben y bajan constantemente.
Uno de los aspectos más destacados de nuestra estancia fue nuestra excursión a la isla Mantigue, un pequeño santuario marino al que se puede acceder en barco. Los visitantes sólo pueden permanecer allí unas horas, lo que ayuda a preservar su entorno. Pasamos la tarde allí entre hacer snorkel, observar peces tropicales y relajarnos en la playa.
Esta estancia no fue la más rica en actividades ni en descubrimientos espectaculares, pero eso es precisamente lo que la hizo tan placentera. Camiguin nos ofreció un verdadero descanso de calma y naturaleza antes de las próximas aventuras.